¿Dónde buscar la sociedad perfecta?

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¿A qué llamar sociedad perfecta? ¿Acaso existe una en este mundo? ¿Se puede hablar de problemas resueltos entre los “civilizados” de Occidente? ¿Habrá en Estados Unidos u otras potencias similitud a lo que se debe llamar sociedad perfecta?

Serían interminables las interrogantes en ese sentido, sin embargo muchos alardean de poseer un estándar de vida que se corresponde con esa sociedad perfecta que sería lo esencial para en pleno siglo XXI hablar de cumplimento de metas del milenio o al menos amortiguación de desajustes económicos.

Por las calles de varios países, casi sin excepción, deambulan limosneros, desempleados, enfermos mentales, ancianos que anhelan techo, en fin, son tantos los desagravios que nada más parecido a una etapa tribal desorganizada en pleno año 2011.

En otras naciones subdesarrolladas, como es lógico, habrían de acentuarse las calamidades, pero siempre hay excepciones: Cuba es una de ellas.

La realidad cubana indica que aun existen serios problemas económicos y con la vivienda, el transporte está limitado, muchas calles y avenidas se han deteriorado, en fin, hay dificultades y podrá haberlas mientras continúe la etapa de crisis mundial y el bloqueo de Estados Unidos se acentúe.

Pero los niños, en cambio, tienen el derecho a estudiar de forma gratuita, no importa donde residan, pues hasta un maestro para uno solo matriculado cumple su misión en zonas intrincadas de la geografía cubana.

Para los adolescentes y jóvenes hay escuelas de todo tipo e incluso los adultos acceden al bachillerato o la universidad sin muchos contratiempos.

Igual ocurre con la Salud Pública que está al alcance de la mano y sin costo alguno. También existe el derecho a la  Cultura y el Deporte como garantía imprescindible desde hace más de 50 años.

Eso y más forma parte de la sociedad que exhibe Cuba, a sabiendas que queda mucho por hacer, pero que hay preocupación y esperanzas, válidas para el perfeccionamiento del Socialismo.

Bien vale la pena una mirada profunda a la realidad y la comparación elocuente de Cuba con los llamados “paladines de la libertad”, para entonces decidir por la posible sociedad perfecta.