Tomarle el pulso al planeta y levantar trincheras de ideas

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El mundo en que vivimos está plagado, como nunca antes, de amenazas constantes, guerras sucias, acciones terroristas, cambios del clima e insostenibilidad. Pero lo más lamentable es que corresponde al propio hombre esa incertidumbre, por lo que se siente tan culpable como ente activo con cuanto ocurre.

Vale la pena entonces meditar una y mil veces. ¿Acaso el hombre querrá convertirse en lobo del hombre? Esa máxima de la sociedad capitalista intenta llegar hasta los más recónditos lugares, salida precisamente del seno imperial que con tanta arrogancia y prepotencia asume su papel hegemónico.

Pero lo lamentable radica precisamente en la globalización actual de esa hegemonía, al menos el intento de globalizarla, porque no  todos los pueblos están condicionados a permitirlo.

Una lucha sin cuartel a favor de la paz será la única solución posible para aliviar tensiones y contribuir a concientizar a todos acerca de la necesidad de implementar acciones inmediatas.

No es posible que el hombre vea frustradas sus aspiraciones y más caros anhelos de libertad y justicia. En realidad tiene que imponer su clase por encima de una minoría, que al imponer su papel como dueña del destino humano nunca podrá sobresalir si de veras la mayoría desempeña el papel protagónico que le corresponde.

Es ahí, precisamente, donde el pueblo tiene que tomar las riendas del poder para unido e invencible transformar las ideas nefastas y convertirlas en logros del saber humano, por el bien de todos.

Se trata de evitar a toda costa los conflictos, luchar por la unidad, la soberanía, la libertad, el decoro, para de forma colectiva, la única capaz de hacerlo, avanzar por el camino de la justeza y el éxito supremo.

Pensar en guerras solo es posible cuando se impone la voluntad de destruirlo todo, de acabar con la especie, de eliminar sociedades enteras, máxime en una era nuclear donde el poder de las potencias resulta ilimitado, fiero y descomunal.

Dar un vuelco general a la situación imperante en el mundo de hoy sería lo más acertado y justo, a sabiendas que los valores humanos han de estar por encima de las falsas patrañas que solo justifican el terror y la muerte.

Basta con tomarle el pulso al planeta para darnos cuenta del peligro que se cierne sobre la humanidad, pero nunca será demasiado tarde para con el accionar consciente levantar trincheras de ideas.