Martí de todos los tiempos

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Al evocar a José Martí, el indiscutible Apóstol de la independencia de Cuba, no es posible delimitar el tiempo transcurrido desde su muerte y el inicio de sus preclaras ideas que lo llevaron a no cejar un solo instante en su anhelo por liberar a la patria y lograr la unidad de Latinoamérica.

A 157 años de su natalicio, su fecunda vida propicia la decisión de encausar ideas capaces de motivar a la batalla por la emancipación, tomando como premisa el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

No por casualidad en pleno siglo XIX el Maestro preconizó que “Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”, frase que hoy tiene especial vigencia en la búsqueda de soluciones que permitan la actualización de un modelo económico socialista.

El Comandante en Jefe Fidel Castro, define al Apóstol como el más genial y el más universal de los políticos cubanos. Plantea que él nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo.

“Admiramos a Martí porque era un intelectual brillante, un hombre de extraordinaria inteligencia, poeta de exquisita sensibilidad, que consagró su talento a la lucha revolucionaria. Que consagró su vida y su pluma a esa lucha, que fue hombre de palabra y de acción. Le agradecemos y le agradeceremos eternamente lo que significó y lo que simbolizó", afirmó el líder de la Revolución Cubana.

Cuba cuenta con el privilegio de poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra del Maestro.

En la Educación, la Salud, la Cultura, el amor al trabajo, en la voluntad por hacer frente a las adversidades, en la solidaridad cada vez más creciente, en los valores imprescindibles para construir una patria cada vez más próspera, está presente el pensamiento y la acción de José Martí.

En el discurso pronunciado por Fidel en el aula magna de la Universidad de Venezuela el 3 de febrero de 1999  se aprecia la continuidad en el hilo conductor del pensamiento martiano expresado en su ensayo Nuestra América.

En su magistral intervención el líder de la Revolución Cubana se detiene, con énfasis especial en el valor de las ideas, tácticas y estrategias de lucha y la confianza plena en la capacidad humana para sobrevivir.

Y Martí siempre presente ilumina el camino a seguir, no solo el de los cubanos, sino el de los demás pueblos del continente que han dicho basta y echado a andar en su anhelo por la unidad, la libertad y la soberanía.