Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.



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El mundo en que vivimos está plagado, como nunca antes, de amenazas constantes, guerras sucias, acciones terroristas, cambios del clima e insostenibilidad. Pero lo más lamentable es que corresponde al propio hombre esa incertidumbre, por lo que se siente tan culpable como ente activo con cuanto ocurre.

Vale la pena entonces meditar una y mil veces. ¿Acaso el hombre querrá convertirse en lobo del hombre? Esa máxima de la sociedad capitalista intenta llegar hasta los más recónditos lugares, salida precisamente del seno imperial que con tanta arrogancia y prepotencia asume su papel hegemónico.

Pero lo lamentable radica precisamente en la globalización actual de esa hegemonía, al menos el intento de globalizarla, porque no  todos los pueblos están condicionados a permitirlo.

Una lucha sin cuartel a favor de la paz será la única solución posible para aliviar tensiones y contribuir a concientizar a todos acerca de la necesidad de implementar acciones inmediatas.

No es posible que el hombre vea frustradas sus aspiraciones y más caros anhelos de libertad y justicia. En realidad tiene que imponer su clase por encima de una minoría, que al imponer su papel como dueña del destino humano nunca podrá sobresalir si de veras la mayoría desempeña el papel protagónico que le corresponde.

Es ahí, precisamente, donde el pueblo tiene que tomar las riendas del poder para unido e invencible transformar las ideas nefastas y convertirlas en logros del saber humano, por el bien de todos.

Se trata de evitar a toda costa los conflictos, luchar por la unidad, la soberanía, la libertad, el decoro, para de forma colectiva, la única capaz de hacerlo, avanzar por el camino de la justeza y el éxito supremo.

Pensar en guerras solo es posible cuando se impone la voluntad de destruirlo todo, de acabar con la especie, de eliminar sociedades enteras, máxime en una era nuclear donde el poder de las potencias resulta ilimitado, fiero y descomunal.

Dar un vuelco general a la situación imperante en el mundo de hoy sería lo más acertado y justo, a sabiendas que los valores humanos han de estar por encima de las falsas patrañas que solo justifican el terror y la muerte.

Basta con tomarle el pulso al planeta para darnos cuenta del peligro que se cierne sobre la humanidad, pero nunca será demasiado tarde para con el accionar consciente levantar trincheras de ideas.

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Si bien es cierto que el Socialismo no se rige por leyes ciegas, su capacidad de ser perfeccionado exige cada vez más de ajustes económicos que le permitan consolidar aquellos sectores que se han  quedado rezagados.

El caso particular de Cuba, un pequeño país bloqueado y hostigado prácticamente desde el triunfo mismo de la Revolución, exige una revisión a fondo de la economía en la búsqueda incesante de mejoras sustanciales, y sobre todo, dirigidas a la elevación de la calidad de vida del pueblo.

En la actualidad las plantillas infladas se han convertido en el eje del problema, por lo que un  profundo proceso de revisión en ese sentido, con la colaboración de los propios trabajadores, los respectivos sindicatos y las administraciones, vale la pena cuando se trata de lograr más con menos y alcanzar la eficiencia imprescindible en cada rama o sector.

Sin embargo, a diferencia del Capitalismo que echa a la calle a los obreros ante etapas de crisis económica, en Cuba se buscan alternativas para que nadie quede desamparado, y el trabajo por cuenta propia con regulaciones y derechos viene a convertirse en una verdadera opción.

Esta etapa requiere de una labor paciente y con los pies bien puestos en la tierra, porque en realidad hay sectores que demandan fuerza de trabajo, sobre todo en la agricultura y la construcción, donde mucho habrá de hacerse para materializar la alimentación del pueblo y la ejecución de numeras obras, sobre todo viviendas.

Se trata entonces de un proceso de reorganización de la fuerza laboral, la que será ubicada donde verdaderamente haga más falta y quienes realmente cumplan su cometido en la labor cotidiana sin elevar los costos o disminuir utilidades.

Por ese camino transitan ahora los cubanos, prestos a empeños superiores y convencidos que la economía necesita de un viraje que le permita en condiciones de país subdesarrollado y bloqueado, avances incuestionables para proseguir por el camino de la exitosa edificación de la sociedad socialista.

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